Rafael miró el número desconocido. Se alarmó. Llamó a Vanessa, pero no pudo comunicarse con ella.Sin perder tiempo, le escribió. Apenas pasaron unos segundos sin que Vanessa respondiera.—Averigua dónde está la señora —le ordenó a Ricardo, que estaba a su lado.Ricardo percibió la frialdad de Rafael bajo aquella expresión severa. No se atrevió a demorarse; asintió y fue a cumplir la orden. Rafael tenía la mandíbula tensa.Alexis seguía arrodillado frente a él, suplicándole ayuda.—Rafael, esta es la última vez. Si me ayudas, haré lo que me pidas.Alexis notó que su hermano se había puesto amenazante, como si estuviera a punto de estallar. Se preguntó a qué se debía. Pero no podía preocuparse por eso.Ese día lo había hecho ir para que lo ayudara a salir de allí a toda costa. Había una razón de peso. Lo tenían encerrado y vigilado todos los días, sin poder hacer lo que necesitaba.Si perdía más tiempo, no lograría comunicarse con aquella persona y ya no tendría ninguna oportunidad de r
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