Antonio se sentó a la cabecera de la mesa con la ayuda de Vanessa y se puso serio.—¡Y todavía tienes el descaro de decirlo! Con todo el tiempo que llevan casados, ni siquiera te esfuerzas por darme unos bisnietos a los que cuidar.—Vanessa, mi niña, ¿será que este muchacho tiene algún problemita y no me lo dices para no avergonzarlo?—Dímelo sin miedo. Si es así, nos deshacemos de él y listo.Antonio suspiró, lleno de reproches hacia Rafael. A Vanessa se le escapó una risita.—Entonces te quedarías sin bisnietos, abuelo Antonio.Ella y Rafael se sentaron, uno después del otro.—Si él no puede, no tengo nada que esperar. Mejor te reconozco como mi nieta. También me vendría bien un bisnieto por parte de una nieta —replicó Antonio, después de otro resoplido desdeñoso.—Abuelo...Rafael miró a su abuelo, resignado.¡Era capaz de decir cualquier cosa!No llevaban ni un año de casados.¿No era normal que no tuvieran prisa por tener hijos?Además, él rendía de maravilla. Vanessa ya estaba em
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