Al escuchar el ruido, Vanessa levantó la mirada. Cuando vio a su abuelo, Roberto, se puso de pie, gratamente sorprendida, y fue a recibirlo.—¿Qué haces por aquí?Roberto apoyó ambas manos en el bastón, se irguió un poco y sonrió con bondad.—Ahora estás tan ocupada que te pasas el día atendiendo los asuntos de la empresa y ya ni vienes a visitar a este viejo.—Como no vienes, vine yo. De tanto estar encerrado en casa, ya casi me salen raíces.Sus palabras rebosaban de reproche, pero Vanessa sonrió y lo ayudó a acercarse al sofá y a sentarse.—Rafael y yo estábamos pensando en ir a comer contigo uno de estos días. También estamos preparando la boda; ya debe estar casi todo listo.Esas buenas noticias, que eran lo que el abuelo más quería escuchar, pusieron muy contento a Roberto, tal como Vanessa esperaba.—Así que todavía se acuerdan de que tienen una boda pendiente. Ya temía que, de tanto trabajar, los dos se hubieran olvidado.Vanessa había pensado en buscar un momento para ir a com
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