Una hora después, Vanessa llegó al hospital en el auto de Rafael.—Llámame cuando quieras regresar. Pasaré por ti. —Rafael, de pie frente a ella, le acomodó la bufanda con delicadeza.Vanessa tenía la tez clara y las mejillas sonrosadas. Miró a Rafael con los ojos brillantes y asintió.—Está bien. Vete ya, no es bueno que llegues tarde.—Cariño, mientras sea por ti, no me importa llegar tarde.Al ver lo despreocupado que parecía Rafael, Vanessa no pudo contener la risa y le dio un leve empujón en el brazo.—Si viviéramos en la antigüedad, seguro me acusarían de haberte hechizado.Rafael se rio.—Está bien, ya me voy. No hace falta que me lo digas con rodeos.La tomó de los hombros, inclinó la cabeza y le besó la frente.—Entra ya.—Sí.Después de que Vanessa se volteó y entró en el hospital, seguida de cerca por los guardaespaldas, Ricardo preguntó titubeando:—Señor Cisneros, si la señora descubre que le mintió...Ante la mirada de reojo de Rafael, Ricardo, intimidado, no terminó la f
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