—Creo que Bianca se pondría muy contenta si supiera todo lo que estás haciendo por mí. Pero Bianca preferiría verme casarme feliz. No pospongamos la boda.Rafael se sorprendió un poco.—¿No quieres pensarlo un poco más?No quería que Vanessa se quedara con esa espina, de modo que, si se amaban de verdad, no le importaba esperar un poco más, pero Vanessa asintió y respondió con firmeza:—Rafa, sé que temes que me ponga triste, me arrepienta o sienta que a la boda le faltó algo porque Bianquita no estará allí... Pero yo la conozco, si supiera que hasta pospuse la boda por ella, no se alegraría ni se conmovería. Al contrario, se sentiría culpable.Ya que Vanessa lo tenía tan claro, Rafael aceptó su decisión.—Está bien, haremos lo que tú quieras.Vanessa no pudo evitar emocionarse. Lo abrazó y le dio un beso. Sergio permanecía en la habitación del hospital y, al dejar de escuchar movimiento afuera, supuso que el matrimonio ya se había marchado.Se sentó junto a la cama y, como de costumbr
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