Andrea vio con claridad que a él se le encendía el enojo en los ojos y tardó en reaccionar. Se le estremeció el corazón.—Perdón, no lo pensé bien. Pero no te preocupes, no le dije nada raro a la señorita Torres.Era cierto que esa noche habían cenado juntos y habían salido a correr juntos. Cenaron juntos porque Adela había organizado la reunión. Después, cuando Andrea supo que él iba a salir a correr, se las arregló a punta de insistencia para ir con él.Más tarde, al pasar junto a un río, Andrea se torció el tobillo a propósito, se agarró de Sergio y los dos cayeron al agua.Quedaron empapados, así que fueron a un hotel cercano para bañarse y secar la ropa. Sergio se puso serio.—Doctora Estrada, hay que aprender a respetar la privacidad de los demás.Andrea se puso morada, entre incómoda y avergonzada. En toda su vida, nadie la había regañado así. Dicho esto, Sergio recuperó su celular, se dio la vuelta y salió de la habitación del hotel.Al irse, se le veía distante, y en la última
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