Vanessa sintió que giraba en el aire.Después cayó en un abrazo cálido.Luego escuchó el chirrido de las llantas contra el asfalto, agudo y penetrante, como una bestia escapando de su jaula.El susto la hizo temblar; todavía sentía el cuerpo tenso por el susto. Entonces unas manos grandes le cubrieron los oídos y una voz firme murmuró sobre su cabeza:—No tengas miedo, ya pasó…Vanessa tembló. Reconoció la voz y levantó la cabeza despacio. Era Rafael. En un instante, sin pensar en nada más, se aferró a él.—Me asustaste tanto… —dijo con voz quebrada, al borde del llanto.Los ojos de Rafael se entornaron, y algo en ese gesto la calmó. La apretó fuerte y no dejó de consolarla.Por fin, Vanessa se calmó.Fue entonces cuando Ricardo, tras colgar la llamada a la ambulancia, se acercó preocupado.—Señor Cisneros, Alexis… —dijo.Rafael miró hacia allá. Alexis estaba tendido en un charco de sangre. Vanessa también lo vio y gritó; estaba aterrorizada.***Dos horas después, en el hospital, Alex
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