Al verla entrar, Rafael se levantó de golpe.—Estaba hablando con Leonardo de cualquier cosa, ¿por qué te despertaste?Vanessa había alcanzado a escuchar algo sobre una “malagradecida”, pero no logró entender bien.Mientras caminaba hacia adentro, le contestó:—Me desperté. Pensé que estabas trabajando, no me imaginé que había venido el señor Soto.Se acercó hasta donde estaba Rafael y miró con una sonrisa cortés a Leonardo, que estaba sentado en el sofá.Leonardo los observó: él, tan capaz; ella, tan guapa, y volvió a bromear con una sonrisa:—Vane, ¿por qué tan formal? Dime Leonardo, o si quieres, solo Leo.—Está bien, Leonardo —respondió Vanessa con una sonrisa y un asentimiento.Leonardo y Rafael tenían más o menos la misma edad y llevaban años de amistad.Vanessa recordaba que en aquellos años, cuando la familia Cisneros organizaba algún banquete, siempre se les veía a ellos por ahí.Pero en ese entonces, Vanessa solo tenía ojos para Alexis. No conocía bien a los amigos de Rafael
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