Esa noche, Vanessa pasó de ser una chica a convertirse en toda una mujer.Rafael parecía un lobo hambriento que no lograba saciarse; la había tomado una y otra vez a lo largo de toda la noche.Aun conteniéndose al máximo, fueron al menos tres veces.Vanessa quedó agotada y no despertó sino hasta el mediodía del día siguiente.Al abrir los ojos, sintió la calidez en su espalda y, por instinto, se recargó hacia atrás hasta quedar pegada a su cuerpo.—Ya despertaste.Rafael, recostado de lado con una mano sosteniendo su cabeza, la abrazaba. Alzó la mano y le tocó la punta de la nariz.—¿Tienes hambre?Vanessa aún no terminaba de despertar. Con los ojos entrecerrados, soltó un murmullo perezoso, como un gatito adormilado. —No tengo hambre, todavía tengo sueño.—¿Quedaste agotada? Entonces duerme otro rato, tienes que descansar bien —dijo Rafael con voz amorosa y una sonrisa.Los recuerdos de la noche anterior volvieron de golpe a la mente de Vanessa y, en un instante, el sueño se le esfum
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