Alexis presionaba con fuerza la cabeza de Vanessa hacia abajo, impidiéndole incorporarse. Sus rodillas, que apenas empezaban a sanar, le dolían tanto en ese momento que le hacían castañear los dientes.—Alexis —Vanessa habló con ronquera, como si le costara salir de su garganta—, le prometiste a mi papá que me cuidarías. ¿Y ahora es así como me pisoteas?Al escucharla, la expresión de Alexis vaciló y la fuerza de su agarre disminuyó considerablemente.Al ver aquello, Natalia se apresuró a intervenir: —Vane, mi hermano te ha cuidado y querido todos estos años. Si no estás satisfecha, es cosa tuya, pero usar al difunto señor Francisco para presionarlo me parece demasiado.Alexis siempre había detestado que ella mencionara a su padre; lo hacía sentir presionado. Si no fuera porque su abuelo adoraba a Vanessa, por los años de relación que tenían y porque ella solía serle tan obediente, tal vez ya se habría separado de ella hacía mucho tiempo.—¡Cállate! —Al escuchar a Natalia mencionar a
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