Ese comentario hizo que Rafael arrugara la frente.Hace cinco años, cuando Vanessa tenía diecisiete, anunció a los cuatro vientos que era novia de Alexis. En ese entonces, era una joven de sociedad, orgullosa y radiante, que siempre llevaba una sonrisa presumida. Rafael, que tenía veintitrés, no dijo ni una sola palabra, pero cambió el reloj que pensaba darle por su cumpleaños por un collar de lo más común.Hace tres años, cuando ella tenía diecinueve, le dijo de frente al abuelo Antonio que quería casarse con Alexis y que, en cuanto llegara el momento adecuado, irían a firmar los papeles. Rafael, de veinticinco años, no intentó discutir; compró un boleto de avión y se fue del país al día siguiente.Esa ausencia duró tres años.Sin embargo, los sentimientos que guardaba en lo más profundo de su ser estallaron el mismo día que volvió, al enterarse de que Alexis la había dejado plantada en el registro civil. Aquella mujer en la que no se atrevía a pensar, pero a la que no podía olvidar,
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