—Papá, hoy es festivo y no nos quedábamos tranquilos dejándote solo, así que regresamos a acompañarte en la cena.Yolanda entró por la puerta cargada de joyas y resplandeciente, con un bolso Hermès de piel de cocodrilo en la mano. Junto a ella venían Édgar Cisneros y dos tías de una rama de los Cisneros. El servicio doméstico los seguía detrás, cargando los regalos costosos.Al verlos, Vanessa entrecerró los ojos y su semblante se volvió frío y distante; Rafael percibió el cambio en ella y, con voz suave, la calmó.—Hazte de cuenta que no existen, no te presiones tanto.Vanessa lo miró con curiosidad. En ese momento, la tía mayor, junto a Yolanda, alzó la voz.—¿Esa no es Vanessa? Yo pensé que Rafael ya se había divorciado de ella.—Aquella vez, en el cumpleaños de Rafael, al final se contuvo a tiempo y no hizo pública la relación. Eso fue porque recobró el juicio y quería terminar, ¿no?Las tías se hacían eco una a la otra, activando el modo pasivo-agresivo contra Vanessa; el rostro d
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