Las miradas chocaban como si una mampara los separara. Uno de pie, corpulento y alto, con aire imponente y provocador. El otro sentado, de apariencia refinada, pero en realidad dominante.Era abrumador. Vanessa iba en camino a recoger a Bianca, que ya tenía el alta del hospital. Rafael la llamó. Su voz sonaba grave.—Vanessa, ¿dónde estás?No notó nada raro en él.—Ocupada.—¿Ocupada dónde?Rafael estaba recargado en el asiento del auto y se frotaba la frente con la cabeza inclinada. Del otro lado de la línea, Vanessa lo oía respirar con cierta pesadez.—Señor Cisneros, ¿me está controlando?Vanessa no pudo disimular el fastidio, pero no se contuvo y añadió:—¿Qué te pasa?Hubo unos segundos de silencio del otro lado y la voz que llegó sonó aún más grave.—Nada, me preocupo por ti.Vanessa no se lo creyó.—Si no me dices, cuelgo.Rafael, por miedo a que colgara, carraspeó.—Me duele el pecho.Ricardo, que iba manejando, se sorprendió. ¿Estaba enojado el señor Cisneros? Hacía rato, al v
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