Se enderezó en el asiento y, con el celular en la mano, esperó en silencio unos instantes. Se le notaba un rastro de esperanza en la mirada.Sin embargo, ella dejó de escribir, y durante un buen rato no llegó ningún mensaje. Rafael frunció aún más el ceño.—¿Hay mala señal aquí?Rafael miró a los otros tres, confundido. Los tres, casi al unísono, revisaron sus celulares. Uno tras otro empezaron a sonar notificaciones de mensajes.—Para nada, la señal está perfecta —dijo Leonardo—. Mi abuela me acaba de escribir, quiere que vaya a visitarla.—Aquí también tengo señal —dijo Sergio con voz suave.Verónica, mientras respondía un mensaje, comentó:—Me llegó uno de Vane. La invité a tomar algo, pero me dijo que no, que tenía cosas que hacer y no podía venir.La expresión de Rafael se volvió seria. ¿O sea que sí le contestó a Verónica, pero a él no? ¿Entonces qué le quiso decir hace un momento?¿Fue su imaginación? Rafael dejó el celular sobre el sofá y siguió bebiendo. Leonardo terminó su co
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