Su mamá la abrazaba y le daba palmaditas suaves en la espalda; sus movimientos y su voz eran iguales que antes, infinitamente tiernos.—Mi niña tonta, eres el orgullo de mamá. ¿Cómo podría detestarte, cómo podría odiarte?Vane levantó la carita bañada en lágrimas del regazo de su madre.—Si no fuera porque el sistema que hice no estaba listo y falló, tú no habrías muerto. Mamá, yo te maté, todo es mi culpa. Y ahora hasta casi mato al abuelo. Mamá, soy una inútil, ¿verdad?La pequeña Vane se reprochaba todo con una intensidad devastadora, y todas esas emociones que había guardado tan adentro estallaron.Sollozaba sin parar; las lágrimas le caían por la cara, y su mamá, con el corazón roto, le secaba las mejillas.—Mi niña, no te culpes por todo. Que hayas desarrollado el sistema demuestra que eres una geniecilla. Mamá está orgullosa de ti. No te condenes por un tropiezo. Mamá solo sabe que eres su tesoro. No estés triste, y mucho menos te eches la culpa, porque me partes el alma, ¿me es
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