—No pasa nada.Dicho eso, se fue.Varias personas lo siguieron. Verónica lo observó alejarse y los latidos de su corazón se fueron calmando.¡Qué vergüenza!Molesta, se dio una palmada en la frente. Ya no tenía ánimos de tomar un taxi, así que le pidió a Daniel que la llevara.En el camino recordó lo ocurrido. Cuanto más lo pensaba, más se despejaba. Daniel la observó por el espejo retrovisor.Verónica volvía a mostrarse tan competente y relajada como siempre; se veía seria, sin una sola sonrisa, con todo el porte de una mujer de negocios exitosa.Pero hacía apenas unos momentos, Daniel la vio comportarse frente a Rodrigo como una joven recién llegada al mundo laboral.Torpe y sin saber qué hacer.¡Qué extraño!Bianca abrió la ventanilla y dejó que la brisa nocturna le diera en la cara. Tras lo ocurrido, el coraje la hizo despabilarse bastante, pero seguía ebria y aturdida.—Sergio, ¿estás enfermo o qué te pasa?Inconforme, giró la cabeza hacia Sergio, que iba al volante, y lo miró con
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