Share

Capítulo 6

Author: Violeta Cid Lobera
Un amigo de al lado no notó lo que acababa de pasar y, ya medio tomado, soltó:

—¿No sabías? Celina no puede comer pescado. Le da alergia.

Marcela respondió, sin emoción:

—Ah, ¿sí?

***

Con varias rondas de cerveza encima, todos estaban ya medio mareados.

Uno de los amigos, con la cara roja, levantó la voz:

—Antonio, ¿te acuerdas que apostamos a que antes de los treinta ibas a sentar cabeza? Y mírate: ya encontraste al amor de tu vida.

Otro, ya bien pasado, entrecerró los ojos y se rió como tonto.

—Sí, y nosotros de verdad pensábamos que tú y Celina, con lo bien que se llevaban, iban a terminar juntos.

A Marcela se le borró la sonrisa; se le aguaron los ojos.

Antonio esbozó una sonrisa.

—¿Ah, sí? ¿Cómo íbamos a estar juntos? Somos mejores amigos. Qué chiste.

Se rió de verdad, como si fuera el chiste más absurdo del mundo.

Los demás se carcajearon también.

—¡Exacto! Ahora ya entendemos: ustedes dos son pura amistad, jajajaja…

Yo también me reí.

—Claro. ¿Cómo voy a estar con Antonio? Qué ridículo.

Antonio se acercó y me echó un brazo por encima del hombro. Seguro ya estaba borracho. Tenía las mejillas encendidas, los ojos húmedos, brillantes. Se inclinó hacia mí y ladeó la cabeza.

—Celina, no me digas que te gusto.

En ese instante, quise ver algo en sus ojos, cualquier cosa.

Pero no había nada.

Me miraba de frente, como si entre nosotros de verdad solo existiera eso que él decía: amistad.

Apenas esbocé una sonrisa.

—¿Cómo crees?

—Qué bueno —asintió, y me dio un apretón en el hombro con esa confianza que dolía—. Tú y yo somos los mejores amigos.

Habíamos tomado tanto y, aun así, nunca me había sentido tan despierta.

Repetí, despacio:

—Sí. Somos mejores amigos.

***A la mañana siguiente compré un pasaje directo para volver a casa. Antes de abordar, revisé el celular por última vez.

Antonio había subido una publicación nueva: una foto con Marcela. Sin texto: solo dos manos entrelazadas, con los dedos intercalados.

Lo habían hecho oficial. En los comentarios, todos sus amigos los felicitaban.

Me quedé mirando un rato; luego saqué la tarjeta SIM del celular y la tiré a la basura.

***

Volver a casa resultó más fácil de lo que imaginaba.

Mis papás pasaron por mí en el auto. Ya era casi Año Nuevo y por todas partes había luces de colores: en las calles, en las esquinas y en las fachadas.

Aquí no era tan moderno como Solan. Pero ese olor de mi tierra me dio una calma que no esperaba.

Mi mamá estaba feliz. Hacía tres años que yo no volvía a pasar Año Nuevo en casa, porque me quedaba con Antonio en esas fechas.

Pero, después de alegrarse un rato, no pudo evitar salir con lo de siempre:

—Ya casi cumples treinta, ¿y todavía no tienes novio? La nieta de los vecinos de al lado ya hasta camina; es una ternurita. Mis compañeras más jóvenes ya andan saliendo con alguien. Ah, por cierto, a la casa de al lado se mudó un muchacho nuevo, bien guapo. Luego te lo presento, ¿sí?

Hablaba y me miraba de reojo, pendiente de mi expresión.

Antes, yo odiaba que me presentaran a otros hombres. Durante esos años en los que me gustaba Antonio, mi mundo giraba alrededor de él.

Y después de aquella noche —ese "accidente" de borrachera que nos dejó en una situación rarísima—, yo creí que por fin tenía una oportunidad. En ese entonces, para mí solo existía él.

Por eso, cada vez que mi mamá mencionaba citas o matrimonio, yo me fastidiaba hasta el alma y no quería escuchar ni una palabra.

Pero esta vez, mirando por la ventana las lucecitas que parpadeaban, sentí una fatiga profunda.

Estaba cansada. Y pensé que quizá sentar cabeza tampoco era tan mala idea.

Le dije:

—Está bien, mamá.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 17

    —Estemos juntos. Sé que me quieres. De ahora en adelante te daré todo lo que quieras. No voy a estar con nadie más. Vuelve conmigo.Lo miré un momento. No pude evitar pensar: si me lo hubieras dicho hace unos meses, si esa frase me la hubieras soltado antes, habría sido la persona más feliz del mundo.Lo quise durante tantos años. En esos diez años me cansé, lloré, me rompí por dentro, pero nunca dejé de amarlo. Al fin tenía lo que había soñado: Antonio por fin me correspondía.Y aun así, lo único que sentí fue una risa amarga en el pecho. Una fatiga imposible de explicar me apretó el pecho.Negué con la cabeza.—No.Antonio me agarró de los hombros, con fuerza. Se le frunció el entrecejo, y se le encendió algo desesperado en la mirada.—¿Por qué? ¿Te atreves a decir que no me quieres?Le sostuve la mirada.El hombre al que amé durante diez años, el chico que se volvió adulto, su cara no había cambiado tanto, pero yo sentía que el mundo sí.Y por primera vez lo supe con claridad: ya no

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 16

    —Ay, qué lástima, entonces, cuando sea nuestra boda, tú también tienes que venir, ¿eh?No tenía ganas de jugar a las indirectas con ella. Le respondí por compromiso:—Ajá… si puedo.Durante toda la comida, Antonio no encontraba cómo presumir su amor. Que si le servía comida a Marcela, que si le llenaba el vaso, que si se pegaban el uno al otro, empalagosos, como si quisieran que todos lo vieran.Antes eso me habría dolido. Pero esa noche, lo único que me daba vueltas en la cabeza era el beso de Bernardo.¿Qué significaba? ¿Le gustaba yo? ¿Y yo lo quería a él?Mientras tanto, Antonio seguía cada vez más encimoso. Marcela al principio sonreía, hasta que Antonio le dio a probar un pedazo de carne de res y de repente se le borró la expresión.Dijo, tensa:—Antonio, soy alérgica a la carne de res. ¿Se te olvidó?Antonio se quedó helado. Iba a hablar, pero en ese momento se armó el escándalo en otra parte del salón.En la mesa de la familia, los del novio estaban molestos porque los de la no

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 15

    Estos días también había investigado un poco. Resultó que Bernardo era en realidad un pintor brillante, muy reconocido en el ambiente. Una sola obra suya no bajaba de cinco cifras en dólares.Incluso, una pintura suya se había subastado en el extranjero por seiscientos mil dólares.—¿Y qué estás pintando últimamente? Nunca te he visto pintar —le pregunté.Bernardo bajó la mirada hacia mí.—No te voy a decir.—Entonces ni me digas. ¿Crees que me muero de ganas por saberlo? Qué creído eres —puse los ojos en blanco.El viento del mar, frío y húmedo, se colaba hasta los huesos. Después de tantos años en el sur, ya no estaba acostumbrada a un invierno así.Me froté las manos y soplé aire caliente.Bernardo se burló:—Te dije que te abrigaras más. Tú nomás pensabas en verte bonita. ¿Y ahora sí tienes frío, no?Lo miré de reojo.—Un hombre normal ya se habría quitado el abrigo para dárselo a la mujer. ¿Eres hombre o qué?La verdad, yo no solía hablar así. Mis amigos siempre decían que tenía b

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 14

    Fue la primera vez que le pegué, y la primera vez que le grité así.Antonio se quedó parado, sin moverse, con una expresión vacía como si no entendiera.En ese momento sonó su celular. Contestó.Del otro lado se escuchó la voz de Marcela:—Antonio, ¿a dónde fuiste? Me empezó a doler muchísimo el estómago, estoy en el hospital. ¿Puedes venir? ¿Puedes acompañarme?Antonio no dijo nada. Colgó.Pasó un largo rato; entonces habló, bajito:—Celina, si me dices que me quede, ya no me voy.Me limpié las lágrimas con la mano. Mi voz salió tranquila, ya sin fuerza.—Vete. Y no me busques más.Antonio me miró por última vez. En sus ojos solo había una oscuridad pesada.—Está bien —dijo—. Celina, después no digas que no te lo advertí.Y se fue, azotando la puerta.***No sabía por qué Antonio había montado todo eso.Pensándolo bien, quizá era porque yo siempre había vivido pendiente de él. Ahora que de pronto me fui, simplemente no se había acostumbrado. Tal vez, en su cabeza, aunque no me quisier

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 13

    Hasta que Bernardo me preguntó:—Celina, ¿y hoy a dónde vamos a pasear?Antonio dejó los cubiertos sobre la mesa, miró a Bernardo con frialdad.—Perdón, ¿y tú quién eres?La pregunta sonó bastante grosera. Bernardo no se molestó. Sonrió, tranquilo, como si le diera igual.—Ah, yo vivo aquí.Se le descompuso la cara a Antonio.***Esa comida me tuvo con los nervios de punta, como si estuviera sentada sobre alfileres. En cuanto terminamos, tomé a Antonio del brazo y me lo llevé arriba.—¿Qué demonios viniste a hacer? —fruncí el ceño—. ¿No se supone que estabas de vacaciones en la playa con Marcela?Antonio apartó la mirada.—Ya no quise ir.Y de pronto se fue encendiendo, como si de verdad le molestara. Se zafó de mí y me soltó, casi a modo de reclamo:—¿Por qué te regresaste acá así, de golpe? ¿En Solan ya no te alcanza para vivir? ¿No tienes casa? ¿No tienes auto? Yo te doy dinero. Tengo casa, tengo auto, tengo todo. ¡Si vuelves, te lo doy todo!Lo miré.Esa arrogancia afilada en el ar

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 12

    A mi mamá casi se le partió el corazón.Me señaló a mí, como si yo fuera un servicio público.—Ella está en la casa sin hacer nada todo el día. Que salga contigo a dar una vuelta.Bernardo sonrió, satisfecho.—Gracias, Juana.Yo, a un lado, puse los ojos en blanco.Este tipo… ¡Bernardo sí que era mañoso!***A la mañana siguiente me arreglé rápido. En teoría, después de desayunar iba a salir con Bernardo a dar una vuelta. Mi mamá seguía ocupada en la cocina cuando tocaron la puerta."Seguro es Bernardo otra vez, viniendo a comer", pensé.Fui a abrir con cara de pocos amigos.—¿Otra vez vienes a comer gratis?La frase se me atoró en la garganta y abrí los ojos de golpe.El que estaba afuera era Antonio.Llevaba un abrigo negro; tenía los hombros cubiertos de nieve. Al parpadear, la nieve derretida le humedeció las pestañas.—Tú… —balbuceé— ¿qué haces aquí?—Vine a traerles regalos de Año Nuevo a tus papás. Ya aceptaste los míos, así que ahora también deberías darme uno, ¿no?Mi mamá sal

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status