A la mañana siguiente, el sol despuntó sobre las sierras bañando el valle de un dorado nítido y prometedor. Gwen despertó antes de que sonara su alarma. Se quedó un momento envuelta en las sábanas gruesas, escuchando el canto lejano de los gallos y el crujido familiar de las maderas de la casa. Por primera vez en meses, no sintió el peso de la ansiedad oprimiéndole el pecho al abrir los ojos. En su lugar, el recuerdo del beso en la fonda y la calidez de la mano de Arek le arrancaron una sonrisa genuina, de esas que nacen solas en la penumbra de la habitación.Cuando bajó a la cocina, el aroma a café recién filtrado y a leña encendida ya inundaba la planta baja. Arek estaba de pie frente a la vieja cocina de hierro, acomodando la pava con la misma concentración tranquila que aplicaba a todo. Llevaba su habitual camisa de franela a cuadros, con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando a la vista los antebrazos marcados por el trabajo de campo. Al escuchar sus pasos en el umbral,
Huling Na-update : 2026-09-21 Magbasa pa