El personal de la secretaría apenas disimulaba su curiosidad; todos estiraban el cuello, intentando captar algo más.Pero la puerta, entreabierta, solo dejaba escapar voces.Nada se veía… solo se sentía la tensión.Marta se quedó quieta unos segundos frente al elevador, como si sus pies no respondieran.Luego, en silencio, regresó a su escritorio y tomó asiento.Apenas lo hizo…La puerta se abrió de golpe.Virginia salió apresurada, con los ojos brillando por las lágrimas. En su impulso, golpeó el escritorio con el bolso, tirando la taza de leche caliente.El líquido se derramó sobre la alfombra, esparciéndose lentamente mientras el vapor se elevaba en el aire frío.Pero ella no se detuvo.Ni siquiera miró atrás.Marta se levantó de inmediato. Recogió la taza, tomó papel y comenzó a limpiar el desastre con movimientos rápidos, casi automáticos.Entonces… lo vio.Unos zapatos negros, impecables.Pantalones perfectamente planchados que delineaban unas piernas largas y firmes.La sombra d
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