Dentro del vehículo, nadie decía mucho. Alexei conducía con las dos manos firmes en el volante, la mirada fija en la carretera, la mandíbula apretada con tanta fuerza que le dolían los dientes. Cada pocos minutos, llevaba un puño a los labios y tosía discretamente: sangre, poca, pero sangre. La limpiaba con el dorso de la mano y seguía conduciendo, como si no hubiera pasado nada.Lyra lo notaba. No decía nada, pero observaba cada movimiento, cada crisis de tos ahogada. Sabía exactamente el motivo: el vínculo. Carla seguía luchando por su vida en aquella camilla, y Alexei estaba siendo arrastrado con ella, su cuerpo reaccionando al dolor de su compañera como si fuera propio.A su lado, Sasha permanecía en silencio. Una mano descansaba sobre el muslo de Lyra, los dedos acariciando distraídamente su rodilla en un gesto que era al mismo tiempo posesivo y reconfortante. Era su forma de preguntar si ella estaba bien sin usar palabras. Ella entrelazó los dedos con los de él, y la respuesta s
Leer más