El anticuario parecía más grande por dentro que por fuera. Estanterías de madera oscura subían hasta el techo, abarrotadas de libros encuadernados en cuero, mapas amarillentos, instrumentos de navegación antiguos, cajas de madera, relojes detenidos desde hacía décadas y artefactos cuya utilidad Sasha ni siquiera lograba imaginar.El olor era una mezcla de papel envejecido, cedro, polvo y café recién hecho.El viejo cerró con calma el libro que leía cuando Sasha entró. Debía tener más de ochenta años, pero la postura seguía recta. El cabello completamente blanco contrastaba con los ojos castaño oscuros, demasiado atentos para alguien de aquella edad.— Entonces… — dijo Sasha, cruzándose de brazos. — ¿Va a explicarme cómo sabe mi nombre o prefiere seguir asustándome?El hombre sonrió con tranquilidad, los ojos brillando con una sabiduría antigua.— Conozco todos los grandes clanes.— ¿Todos?— Los que todavía existen. Los que desaparecieron. Los que prefieren fingir que nunca existieron
Read more