Él fue al frente y ellas detrás. Mara ayudaba a Stella, cuyo pie le dolía mucho. Se adentraron en el bosque. Caminaron, caminaron y caminaron. Stella ya estaba exhausta, pero no podían parar. Luego tomaron el sendero. El sendero era de difícil acceso: resbaladizo, con mucha maleza, lodazales, pendientes y un río que cruzar. Caminaron, caminaron, caminaron y caminaron mucho.Ya hacía horas que caminaban por el sendero cuando escucharon algunas voces.—Caramba, se están acercando. ¡Vamos! —alertó Marcos.Salieron corriendo, corriendo, corriendo y encontraron una cueva, escondiéndose en ella. Sin tardar, los secuaces pasaron junto a ellos. Un poquito más y los habrían atrapado.—Vamos, no están lejos —dijo uno de los secuaces.Se fueron siguiendo el sendero. Eran muchos. De repente, Stella sintió que se le rompía la bolsa y el agua corrió por sus piernas.—¡Ay, Dios mío, se me rompió la fuente! —exclamó Stella.—Aguanta, Stella, lo lograremos, ¿sí? —dijo Mara.—Vayamos por otro camino. ¿
آخر تحديث : 2026-10-11 اقرأ المزيد