El despacho de Elia no tenía nada que ver con la fría oficina de planta abierta de abajo. Era el taller de una artista, caótico y luminoso, abarrotado de libros de arte, pantallas curvas y prototipos holográficos. Sentada en un sillón de cuero desgastado, con una copa de vino tinto en la mano, observaba la escena a través del cristal espía que dominaba el vestíbulo de entrada.Abajo, la silueta de Rafael Dubois, rígida como una estatua, acababa de recibir el famoso mensaje.Elia vio cómo su rostro pasaba por todos los colores del arcoíris: incredulidad, furia contenida y, finalmente... una sonrisa. La sonrisa de un depredador que acaba de localizar a una presa digna de él. Lo vio ladrar órdenes a su pobre asistente, que parecía al borde de un ataque de nervios, antes de salir del edificio a paso firme, casi entusiasmado.Se llevó la copa a los labios y dejó que el líquido rubí le acariciara el paladar. Una risa leve, casi inaudible, se le escapó del pecho.Así que de esto se trataba l
Last Updated : 2026-06-05 Read more