El coche de Sofía volaba a través de las calles desiertas de la Rive Droite, con los limpiaparabrisas batiendo a un ritmo frenético contra la fina lluvia de París. En el interior, el olor a cuero estaba parasitado por la adrenalina, todavía palpable en el aire. Sofía aferraba el volante con una fuerza que le blanqueaba los nudillos, y su pecho se elevaba al ritmo de su indignación.—A ver, ¿pero qué clase de puto enfermo es ese? —terminó por explotar, saltándose un semáforo en ámbar—. Élo, ese tío es un psicópata de manual. ¿"No he firmado"? ¿Pero de qué coño va, se cree que está en una puta película de la mafia o qué?Elia, con la cabeza apoyada contra la ventanilla fría, veía desfilar los neones borrosos de la ciudad. Se sentía vacía, pero una rabia sorda burbujeaba bajo su cansancio.—Nunca va a cambiar, Sofi. Es un puto maníaco del control. Para él, todo es una transacción, incluso la ausencia. No soporta la idea de que una de sus "propiedades" pueda darse a la fuga sin su consent
Last Updated : 2026-06-05 Read more