Élodie cerró la puerta. El clic de la cerradura marcó el final de dos semanas de tensión absoluta. Soltó su bolsa de tela directamente sobre el parqué de la entrada, incapaz de dar un paso más.Bajo la ducha, dejó que el agua hirviendo corriera durante largos minutos por su rostro, tratando de lavar el cansancio, el olor a tabaco de la base militar y, sobre todo, la sensación de las manos de Rafael sobre su piel. Al secarse, se acercó al espejo empañado. Pasó el dorso de la mano sobre el cristal para apartar el vaho y su mirada se quedó helada al verse el cuello. Justo encima de la clavícula, la marca era clara: un hematoma violáceo, subrayado por la huella aún roja de los dientes de su marido.Élodie tocó la piel con la punta de los dedos. Estaba caliente, dolorida. Un escalofrío de repugnancia le recorrió la espalda.—Qué enfermo mental… —juró en voz baja, con la voz blanca de rabia.Esa necesidad visceral de marcar territorio, de imponerle su fuerza en cuanto perdía el control, la
Last Updated : 2026-06-05 Read more