Elia se quedó tirada en el suelo, con las palmas de las manos apoyadas contra unas baldosas cuyo frío le subía por todo el pecho.Camila se acercó, con una manta de cachemir tirada de mala manera sobre sus hombros delgados. Tenía esa sonrisa de fachada, esa máscara de "mosquita muerta" que en realidad escondía una navaja afilada. Detrás de ella, la figura enorme de Rafael se recortaba en el umbral, inmóvil, como un rey en su trono.—Elia... —susurró Camila con una voz de lo más falsa, poniendo una mano como quien no quiere la cosa sobre el hombro de Rafael—. Mírala, Raph. Se me parte el corazón. Está dispuesta a lo que sea por ese dinero, incluso a montarse un drama familiar de este calibre. Pero... pensándolo bien, ¿no crees que esto es una oportunidad?Rafael frunció el ceño, con sus ojos negros clavados en su esposa, que seguía en el suelo, como si estuviera analizando un fallo informático especialmente molesto.—¿A qué te refieres?—El viejo señor Dunois... —siguió Camila, acercán
Last Updated : 2026-06-05 Read more