Elisa salió con dos tazones de macarrones y, mirando a Bruno, que estaba en el sofá, dijo:—Señor Bruno, ven a comer.Al ver que él seguía en silencio y no se movía, Elisa volvió a llamarlo:—¿Señor Bruno?Bruno volvió en sí, se levantó y se acercó a la mesa. Se sentó y contempló el tazón de macarrones que tenía delante, con un aspecto tan apetitoso que resultaba difícil resistirse. Sin darle mayor importancia, comentó:—Hace un momento llegó un mensaje a tu celular, ¿no quieres revisarlo?Elisa sacó una servilleta, se secó las manos y fue hasta el sofá. Tomó el celular y, al ver que el mensaje era de Mateo, se quedó sorprendida.Desde aquella entrevista, Mateo le había escrito varias veces para hacerle preguntas sobre temas profesionales, y ella siempre le respondía cuando tenía tiempo.Pero no esperaba que ahora fuera a invitarla a comer.Como apenas se conocían y no veía sentido en salir a comer a solas con él, respondió: "Lo siento, últimamente no tengo tiempo." Después guardó el
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