La mañana siguiente llegó con el canto de los pájaros y el olor a tierra mojada, un perfume que me transportaba a la infancia. Después de un desayuno rápido, fui al corral, donde siempre encontraba paz, un refugio en medio del caos familiar.— Ay, qué cosa más bonita, qué tierno. — Seguí peinando el cabello del potrillo, sus ojos grandes observándome con confianza, su respiración caliente contra mi mano.— Sigues teniendo mano para esto. Deberías dejar la ciudad e invertir aquí. — Pedro, uno de los empleados, dijo, apareciendo detrás de mí, su sonrisa amplia.— Debería, la verdad. Aquí es una paz. — Miré alrededor, la naturaleza y los animales envolviéndome en una tranquilidad que la ciudad nunca me daba, un silencio que curaba el alma.— Y estoy yo, claro. — Él dijo, y yo me reí, negando su manera, moviendo la cabeza.— Voy a contarle a Fabiana y vas a ver. — Comenté, y él se encogió de hombros, un gesto de quien no se importaba.— La dejo a ella por ti, lo sabes. — Sonreí y miré de
آخر تحديث : 2026-09-27 اقرأ المزيد