En la familia Salas, lo habitual era comer en silencio.Pero ese día el ambiente estaba especialmente tenso.Cecilia tenía a su madre a la izquierda y a Leonardo a la derecha. Ambos parecían sumidos en sus propios pensamientos.Leonardo estaba esperando el momento adecuado para hablar de algo. Mientras buscaba la manera de sacar el tema, Rosalinda, sentada frente a él, sonrió y preguntó:—Cecilia, ahora que lo pienso, ¿tú y Leonardo ya llevan tres años de casados, verdad? ¿Cómo es que todavía no has quedado embarazada? ¿Acaso decidieron no tener hijos?—¡Qué tontería!Diego golpeó la mesa con fuerza y, visiblemente enfurecido, arremetió:—Si no querían tener hijos, ¿para qué se casaron? ¡Cualquiera que tenga esas ideas de admirar todo lo extranjero y despreciar lo nuestro no es una persona decente!La familia Salas sabía lo del accidente que Leonardo había sufrido años atrás, pero nadie sabía que, como consecuencia del accidente, padecía disfunción eréctil.Para proteger su orgullo com
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