Sofía abrió los ojos con incredulidad y durante un buen rato no reaccionó.Cuando por fin procesó lo que acababa de escuchar, la cuchara que sostenía cayó dentro del tazón con un estruendo.Rocío también dejó ver su sorpresa y, casi por instinto, lanzó una mirada venenosa hacia Olivia, la empleada que temblaba a un lado.Olivia tampoco había imaginado que, al tirar el recipiente del pedido, hubiera dejado caer accidentalmente el recibo.Por un instante, la sala quedó sumida en un silencio sepulcral.De pronto, Rocío se abalanzó sobre Olivia y le dio otra fuerte bofetada.—¡Maldita desgraciada! Te pedí que le prepararas un poco de sopa a la señora y tú vas y le pides comida a domicilio. ¡Qué clase de corazón tienes para hacer algo así!La agarró del cabello y la arrastró hasta ponerla frente a Sofía.Luego fingió una expresión de enojo y agravio.—Señora, para serle sincera, anoche me quemé por accidente con agua hirviendo y todavía me siento muy mal. Leonardo me pidió que le preparara
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