Pero cuando el aliento cálido de Cecilia le rozó la palma de la mano, la mirada de Sebastián cayó sin querer sobre aquellos ojos que apenas dejaban ver.Sus ojos brillaban con una intensidad deslumbrante y se clavaron directamente en los suyos.En ese instante, sintió que el corazón le daba un vuelco.—Mamá, que se tarde un poco más no sería problema, pero me preocupa que quizá él sea de esos.—¿De cuáles?—¡Frígido, impotente, gay!Doña Flora se levantó de golpe.—Ya estás exagerando. Sebastián es un hombre completamente normal, no sé por qué hablas de él como si tuviera algún problema.—Mamá, usted no sabe cuántas mujeres le he presentado. No ha querido tocar a ninguna, piénsalo, ¿acaso un hombre normal no tendría ni la más mínima reacción?Al escuchar aquello, las mejillas de Cecilia se encendieron de inmediato.Sebastián también retiró la mano con incomodidad.Los dos estaban de pie entre la pared y el estante de materiales, en un espacio tan estrecho que apenas cabían.La falta de
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