—Ya casi pueden recoger el certificado de divorcio.—Bueno, pero todavía no lo tienen. —Gloria seguía girando la arena movediza dentro del esmalte—. Además, aunque se divorcien, se pueden volver a casar.—Gloria, ¡sal de aquí!Sebastián estalló de repente.Gloria se asustó, frunció las cejas y tomó la caja de la mesa, murmurando:—¿Qué dije? De la nada se enoja conmigo. De verdad, estar cerca del jefe es como caminar sobre hielo.Se cerró la puerta de la oficina, y Sebastián se apretó el entrecejo con los dedos.Un momento después, sacó el celular y le mandó un mensaje a Cecilia."¿Vas a ir a ver a tu maestro? Justo voy para allá, puedo llevarte de camino."Cecilia, que todavía estaba en la casa de los Salas, recibió el mensaje, y al recordar las palabras que Sebastián le había dicho la noche anterior, que la habían dejado sin saber qué hacer, respondió con el corazón todavía inquieto."Gracias, Señor Sebastián, no hace falta. Hoy tengo cosas que hacer, mañana voy yo sola.""Tus cosas
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