—Mamá, estos días que estuviste en radioterapia, Eduardo y yo fuimos a Amberia a ver a nuestra hija, así que no pudimos venir al hospital a verte. Apenas bajamos del avión lo traje para acá.Sofía miró mal a su hija.—Tú siempre igual, con lo ocupado que está Eduardo y lo arrastras hasta acá sin necesidad.Lo decía en tono de regaño, pero por dentro estaba contenta.—No es nada, venir a verla es lo mínimo que podemos hacer —dijo Eduardo.Liliana tenía treinta y cuatro años y era la hermana mayor de Leonardo. A diferencia de Sofía, que era bondadosa y comprensiva, esta tenía la lengua mucho más afilada.—¿Así que crees que nosotros, la familia Chaves, te fallamos?Apenas se sentó, ya le estaba buscando pleito a Cecilia.Cecilia se quedó mirando su rostro bien cuidado, los pómulos marcados, los labios finos y la mirada ligeramente rasgada hacia arriba. Cada vez que posaba la mirada sobre Cecilia, había un dejo de desprecio en sus ojos.Respondió sin inmutarse:—Nadie le falló a nadie, t
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