Cecilia buscó de dónde venía la voz y vio a una chica de unos veintitrés o veinticuatro años.Llevaba puesta una falda corta de terciopelo verde oscuro, sin ninguna joya en el cuello, solo un par de aretes pequeños de perla.Sus facciones no eran deslumbrantes, pero tenían algo que atraía la mirada.Cejas suaves, ojos pequeños pero brillantes, y una curva bonita en los labios cuando sonreía.—No es que a ti no te guste, es que de plano no sabes ni un poco de moda. La lista de clientes de esa marca es en su mayoría gente de la realeza, ¿y me dices que su ropa es barata? Ja.Gloria se rio.—Lo barato aquí no es la ropa, son esos ojos tuyos que no distinguen ni papa.La mujer, tras recibir semejante burla, se quedó descompuesta, su rostro, tan bien arreglado, pasó del blanco al rojo.Pero no se atrevió a levantarle la voz.Porque la reconoció, era la prima de Sebastián.Con ella no se podía meter.No tuvo más remedio que retirarse, avergonzada.En cuanto la mujer conflictiva se fue, Cecil
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