No le quedó más remedio que contarle toda la verdad.Eduardo, después de escucharla, soltó una carcajada cargada de ironía.—Rocío, tú sí que tienes agallas, inventaste de la nada una relación que ni siquiera existe. ¿No te da miedo que se te caiga esa mentira encima?—Pensé que si te buscaba a ti, seguro me ayudarías a resolverlo, después de todo tenemos un pasado juntos.—Tú misma lo dijiste, un pasado. Eso quiere decir que ya quedó atrás. Ahora que necesitas algo de mí, tendrás que ofrecerme algo a cambio.Eduardo hizo una pausa.—Hotel Ramírez, habitación 808, ahí te espero a las dos de la tarde. Lo que tengas que pedirme, me lo dices en persona.Rocío dudó un momento, pero pensando en la situación en la que estaba, no le quedó más que aceptar.—Está bien.***Al atardecer.Cecilia estaba sentada en su estudio, totalmente concentrada probando fórmulas de perfume.Con la cabeza agachada, sostenía en la mano izquierda una tira de prueba de olor y en la derecha un gotero, ajustando la
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