Adrian no durmió bien aquella noche. Se dijo a sí mismo que era por los papeles de la fusión que le esperaban en el escritorio, o por los seis mensajes sin leer de Mateo sobre el silencio de Montoro, pero cada vez que cerraba los ojos veía lo mismo: a Alba, sonrojada y riéndose, sosteniendo flores que no eran suyas, de una forma en la que no había aparecido ante él en más tiempo del que podía recordar.No lo mencionó de nuevo por la mañana. No estaba del todo seguro de qué habría dicho.Alba, por su parte, apenas notó su silencio. Su atención se había reducido, en los días posteriores a la avalancha de invitaciones, a un solo nombre en su bandeja de entrada: Alejandro, solicitando una reunión, sin más explicación que tres palabras: Es importante. Ven sola.Se reunió con él en su oficina aquella tarde, esperando otra propuesta de inversores, otra ronda de evasivas educadas. En cambio, él mismo cerró la puerta detrás de ella, algo que nunca hacía, y le indicó que se sentara.—Hoy no te
Última actualización : 2026-07-31 Leer más