Adrián estaba sentado en un sillón apartado de la sala. Tenía un documento abierto frente a él y, junto a la mano, un vaso de whisky que parecía intacto.Vestía ropa cómoda y se veía menos severo que de costumbre, aunque también más distante e indiferente.Al oírla entrar, no levantó la cabeza.—Regresaste.—Sí —respondió Valeria mientras dejaba el bolso sobre el mueble de la entrada y se cambiaba de zapatos.Ya estaba acostumbrada a que Adrián pasara de la amabilidad a la frialdad. La relación entre ellos se basaba en un contrato y en el beneficio mutuo: él le ofrecía protección y recursos. A cambio, ella le donaría un riñón en el futuro. Más allá de eso, no había ninguna cercanía entre ellos.Él no tenía que preocuparse por su bienestar, y ella tampoco esperaba que lo hiciera.Valeria pensó en Lena, la mujer de la gala, y estuvo a punto de mencionarla, pero al ver que Adrián no parecía querer hablar con nadie, cambió de idea.Tal vez le estaba dando demasiadas vueltas. Solo había sid
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