Después de marcharse de la casa de mi madre, Santiago no volvió a su departamento. Regresó a Puerto Azul, porque Regina seguía allí.Tiempo después, la cuenta de Regina, que llevaba tres años inactiva, volvió a publicar contenido. Santiago tampoco regresó a buscarme.Seis meses más tarde, mi madre me organizó una cita en una cafetería. Cuando llegué, el hombre ya estaba sentado a la mesa.—Hola. Me llamo Daniel Salas.—Yo soy…—Camila Rojas.—¿Mi madre te dijo mi nombre?Negó con la cabeza.—Te reconocí en cuanto te vi.—Por los videos, ¿verdad?—Sí. Para ser sincero, no quería venir a esta cita, pero cuando descubrí que eras tú, me alegré de haber aceptado.—Gracias.—Santiago se arrepintió hace mucho de haberte perdido.—¿Qué?—¿No lo has visto?Lo miré sin comprender.—¿Ver qué?No respondió. Sacó el celular, buscó algo en la pantalla y luego lo deslizó hacia mí.Había abierto la cuenta de Regina. En el video más reciente estaba tan delgada que apenas pude reconocerla.—¿Esa es Regi
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