La mesa del comedor, que días atrás había sido un campo de batalla de documentos legales, se había convertido esa tarde en algo distinto, un espacio para armar el álbum que le entregaríamos al juez, no como prueba fría, sino como un recuento de nuestra vida juntos.—Esta va aquí —dijo Renato, colocando una foto del cumpleaños de Leo junto a otra del jardín. —Ordenadas por fecha, así se ve una progresión.—¿Progresión de qué? —pregunté, sonriendo a pesar de la extrañeza del ejercicio.—De nosotros —dijo él, sin mirarme, concentrado en alinear los bordes de una foto. —De cómo empezamos actuando y terminamos... esto.No supe qué responder a eso, así que seguí pegando fotografías, sintiendo que cada una que colocábamos juntos tenía un peso distinto al que hubiera tenido meses atrás. Estábamos tan absortos que ninguno de los dos escuchó el coche detenerse frente a la casa.El timbre sonó dos veces, seguido, impaciente. Renato se levantó primero, y cuando abrió la puerta, la voz de Ernesto
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-06 Mehr lesen