A la mañana siguiente, apenas salí de la habitación, vi a Gael y Micaela esperándome junto al ascensor. Él ni siquiera me saludó; era evidente que seguía molesto por lo de la noche anterior.Ella, en cambio, lo empujó con una sonrisa.—Ya basta. Lo dijo porque estaba enojada. Eres un hombre, ¿de verdad vas a seguir resentido con tu novia por eso?Luego se aferró a mi brazo.—Llevo toda la mañana convenciéndolo de que haga las paces contigo. Por fin accedió.Gael aprovechó para decir:—Solo porque Micaela me lo pidió, dejaré pasar lo de anoche. Pero no vuelvas a amenazarme con terminar cada vez que algo te moleste.Lo miré sin explicarle nada.El itinerario de aquel día incluía el casco histórico, un museo y el mercado artesanal junto al río. Eran los lugares que más había querido conocer mientras preparaba el viaje. Gael y yo habíamos prometido tomarnos una foto juntos en cada uno de ellos.Sin embargo, al llegar al casco histórico, él acompañó a Micaela a hacer fila para comprar café.
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