FAZER LOGINDurante los cuatro años de universidad, al inicio y al final de cada semestre, Gael Montenegro compraba los boletos de tren para mí y para mi mejor amiga, Micaela Rojas. Siempre decía que los había comprado demasiado tarde y que por eso nunca había conseguido tres asientos juntos. En cuanto recibíamos los boletos, Micaela lo regañaba en nuestro grupo de chat: —Gael, ¿se puede ser más inútil? Compraste tres boletos y acabamos en tres vagones distintos. La próxima vez, aunque tengas que viajar de pie, te quedas al lado de Luciana. Si no, yo misma voy a hacerte pagar. Él le respondía de inmediato: —¿Y tú quién eres para decirme qué hacer? Aunque tuviera que pasar todo el viaje de pie junto a Luciana, no sería asunto tuyo. Yo les creí. Incluso aquella vez que pasé seis horas sola en clase económica, con fiebre y llamándolo más de diez veces en plena noche sin que contestara, pensé que se había quedado dormido en otro vagón. Todo cambió durante el viaje de fin de carrera, cuando un pasajero me pidió que intercambiáramos asientos. Me abrí paso por los vagones hasta el lugar que me había cedido y encontré a Micaela con mi abrigo puesto y la cabeza apoyada en el hombro de Gael, mientras ambos compartían un par de audífonos. Al verme, Gael solo se quitó uno de los audífonos y se enderezó. —Antes de que digas algo, siempre hemos respetado los límites. Te lo oculté porque sabía que te pondrías nerviosa si descubrías que íbamos a pasar seis horas sentados juntos. Micaela dio unas palmaditas en el asiento a su lado. —Soy tu mejor amiga. ¿No prefieres que sea yo quien se asegure de que tu novio respete los límites, en vez de que viaje junto a una desconocida? En ese momento, una empleada del tren se acercó sonriendo y les entregó dos etiquetas de equipaje a juego, pensadas para parejas. —El sistema muestra que, durante los últimos cuatro años, viajaron juntos dieciséis veces y siempre tuvieron asientos contiguos. Por eso quisimos darles este recuerdo. Solo después de decirlo reparó en mí. Consultó de nuevo los datos de la reserva y preguntó: —¿Ella también es amiga de ustedes? Veo que su boleto forma parte de la misma reserva. Qué curioso… En cada reserva de tres boletos, a ella le tocó sentarse sola. El vagón quedó en silencio. Al ver que Gael evitaba mi mirada, por fin lo entendí. Ellos jamás habían viajado separados.
Ver maisSeis meses después, inauguramos un nuevo recorrido turístico. Aquel día pasamos por la Estación Central. Cuando los visitantes bajaron del autobús, los guié por los antiguos andenes mientras relataba la historia de las líneas que habían cruzado la ciudad.Uno de ellos me preguntó:—Conoces muy bien este lugar. ¿Viajabas mucho en tren?Sonreí.—Antes, sí.Al terminar la visita, una compañera me entregó una carta.—Tu madre vino a dejarla. Dijo que Gael la había enviado a casa de tus padres.En el reverso del sobre solo aparecía el nombre de Gael como remitente. Dentro no había una explicación interminable, sino la dirección de una cafetería, una fecha, una hora y un breve mensaje: "Una última vez. Después no volveré a molestarte".No pensaba ir. Sin embargo, al salir del trabajo acabé dirigiéndome a la cafetería y llegué a la hora indicada. Gael ya estaba sentado allí. Habían pasado seis meses desde la última vez que lo vi y estaba mucho más delgado. Al verme, se puso de pie de inmediat
Tres días después de que Gael se marchara, el grupo de chat de nuestra promoción empezó a llenarse de mensajes. Micaela publicó un mensaje muy largo.Afirmó que Gael y ella jamás habían cruzado ningún límite. Según su versión, habían viajado juntos las dieciséis veces porque él compraba los boletos y ella no podía elegir. Tampoco sabía que yo no recibía las invitaciones a aquellas reuniones, pues, según ella, los compañeros la invitaban a última hora. En cuanto al puesto y al departamento, se había limitado a aceptar las decisiones de Gael.Al final me etiquetó directamente:"Fuimos mejores amigas y siempre te consideré la persona más importante para mí. No entiendo por qué me culpas de todo por un hombre".Enseguida aparecieron mensajes en su defensa:"Micaela tampoco tiene la culpa"."El novio era Gael. ¿Por qué tenía que ser ella quien marcara los límites que Gael debía respetar?""Terminaron hace un mes. Exigir que otros rompan su amistad por eso ya es demasiado".Leí todo sin resp
Un mes después, ya estaba trabajando en mi ciudad natal. Me encargaba de diseñar recorridos turísticos urbanos. Cada día acompañaba a los visitantes por calles históricas, museos y la antigua estación; además, preparaba los guiones de las visitas y recopilaba las opiniones sobre cada recorrido.El día en que inauguramos el primer recorrido, vi el nombre de Gael en la lista de reservas.No me comuniqué con él ni cancelé su reserva. Si había comprado un boleto, era un visitante como cualquier otro para mí.A las nueve de la mañana, repartí los receptores con auriculares y los folletos en el punto de encuentro. Gael había dejado que todos pasaran antes que él. Cuando llegó su turno, no extendió la mano.—No vine a hacer turismo.Le puse el folleto en la mano.—Estoy trabajando. Si tienes algo que decirme, espera a que terminemos.No tuvo más remedio que seguir al grupo.Durante el recorrido relaté la historia de las calles antiguas, ayudé a varios adultos mayores a ajustarse los auricular
En cuanto terminamos de tomarnos las fotos, Gael corrió detrás de mí.—Tenemos que hablar.Papá se interpuso.—Ella ya fue muy clara.Gael apretó el ramo entre las manos.—Solo necesito decirle unas palabras.Pedí a mis padres que esperaran a un lado. Solo entonces Gael me ofreció las flores. No las acepté, así que las dejó sobre una silla cercana y dijo en voz baja:—El contrato del departamento ya quedó cancelado. Acabo de transferirte la parte del depósito que perdiste por la cancelación y el dinero de los muebles. También puedo conseguir que el puesto de Grupo Terranova sea para ti; mi madre ya está haciendo las gestiones.Lo miré.—No trabajaré en Grupo Terranova.Él frunció el ceño.—¿No querías trabajar en la misma ciudad que yo?—Antes sí. Ahora ya no.Abrió la boca, pero no encontró qué decir.En ese momento, los compañeros de nuestra promoción salieron del auditorio. El profesor llamó a todos para tomarse una última foto. Micaela también estaba allí, con el birrete entre los












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