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Seis meses después, inauguramos un nuevo recorrido turístico. Aquel día pasamos por la Estación Central. Cuando los visitantes bajaron del autobús, los guié por los antiguos andenes mientras relataba la historia de las líneas que habían cruzado la ciudad.Uno de ellos me preguntó:—Conoces muy bien este lugar. ¿Viajabas mucho en tren?Sonreí.—Antes, sí.Al terminar la visita, una compañera me entregó una carta.—Tu madre vino a dejarla. Dijo que Gael la había enviado a casa de tus padres.En el reverso del sobre solo aparecía el nombre de Gael como remitente. Dentro no había una explicación interminable, sino la dirección de una cafetería, una fecha, una hora y un breve mensaje: "Una última vez. Después no volveré a molestarte".No pensaba ir. Sin embargo, al salir del trabajo acabé dirigiéndome a la cafetería y llegué a la hora indicada. Gael ya estaba sentado allí. Habían pasado seis meses desde la última vez que lo vi y estaba mucho más delgado. Al verme, se puso de pie de inmediat
Tres días después de que Gael se marchara, el grupo de chat de nuestra promoción empezó a llenarse de mensajes. Micaela publicó un mensaje muy largo.Afirmó que Gael y ella jamás habían cruzado ningún límite. Según su versión, habían viajado juntos las dieciséis veces porque él compraba los boletos y ella no podía elegir. Tampoco sabía que yo no recibía las invitaciones a aquellas reuniones, pues, según ella, los compañeros la invitaban a última hora. En cuanto al puesto y al departamento, se había limitado a aceptar las decisiones de Gael.Al final me etiquetó directamente:"Fuimos mejores amigas y siempre te consideré la persona más importante para mí. No entiendo por qué me culpas de todo por un hombre".Enseguida aparecieron mensajes en su defensa:"Micaela tampoco tiene la culpa"."El novio era Gael. ¿Por qué tenía que ser ella quien marcara los límites que Gael debía respetar?""Terminaron hace un mes. Exigir que otros rompan su amistad por eso ya es demasiado".Leí todo sin resp
Un mes después, ya estaba trabajando en mi ciudad natal. Me encargaba de diseñar recorridos turísticos urbanos. Cada día acompañaba a los visitantes por calles históricas, museos y la antigua estación; además, preparaba los guiones de las visitas y recopilaba las opiniones sobre cada recorrido.El día en que inauguramos el primer recorrido, vi el nombre de Gael en la lista de reservas.No me comuniqué con él ni cancelé su reserva. Si había comprado un boleto, era un visitante como cualquier otro para mí.A las nueve de la mañana, repartí los receptores con auriculares y los folletos en el punto de encuentro. Gael había dejado que todos pasaran antes que él. Cuando llegó su turno, no extendió la mano.—No vine a hacer turismo.Le puse el folleto en la mano.—Estoy trabajando. Si tienes algo que decirme, espera a que terminemos.No tuvo más remedio que seguir al grupo.Durante el recorrido relaté la historia de las calles antiguas, ayudé a varios adultos mayores a ajustarse los auricular
En cuanto terminamos de tomarnos las fotos, Gael corrió detrás de mí.—Tenemos que hablar.Papá se interpuso.—Ella ya fue muy clara.Gael apretó el ramo entre las manos.—Solo necesito decirle unas palabras.Pedí a mis padres que esperaran a un lado. Solo entonces Gael me ofreció las flores. No las acepté, así que las dejó sobre una silla cercana y dijo en voz baja:—El contrato del departamento ya quedó cancelado. Acabo de transferirte la parte del depósito que perdiste por la cancelación y el dinero de los muebles. También puedo conseguir que el puesto de Grupo Terranova sea para ti; mi madre ya está haciendo las gestiones.Lo miré.—No trabajaré en Grupo Terranova.Él frunció el ceño.—¿No querías trabajar en la misma ciudad que yo?—Antes sí. Ahora ya no.Abrió la boca, pero no encontró qué decir.En ese momento, los compañeros de nuestra promoción salieron del auditorio. El profesor llamó a todos para tomarse una última foto. Micaela también estaba allí, con el birrete entre los
Gael permaneció frente al mostrador sin decir una palabra durante un largo rato.—¿A qué hora se fue?La recepcionista revisó el registro.—Alrededor de las tres de la tarde.Gael sacó el celular y llamó a Luciana. Ella rechazó la llamada tras el primer tono. Cuando Gael volvió a intentarlo, dejó que sonara hasta que la llamada se cortó.A su lado, Micaela hizo un gesto desdeñoso.—Está esperando que vayas tras ella. Si regresas ahora, usará el mismo truco cada vez que discutan.Gael no le hizo caso y caminó hacia el ascensor.—Recoge tus cosas. Volvemos esta noche.Micaela se quedó perpleja.—Todavía queda un día del viaje. ¿No decías que detestabas a la gente que arma dramas?Él se detuvo.—Si quieres quedarte, quédate sola.Era la primera vez que dejaba atrás a Micaela por Luciana. Cuando regresaron al campus aquella misma noche, la residencia universitaria ya estaba cerrada. A primera hora de la mañana siguiente, Gael fue a esperar a Luciana frente al edificio donde vivía. La compa
A la mañana siguiente, apenas salí de la habitación, vi a Gael y Micaela esperándome junto al ascensor. Él ni siquiera me saludó; era evidente que seguía molesto por lo de la noche anterior.Ella, en cambio, lo empujó con una sonrisa.—Ya basta. Lo dijo porque estaba enojada. Eres un hombre, ¿de verdad vas a seguir resentido con tu novia por eso?Luego se aferró a mi brazo.—Llevo toda la mañana convenciéndolo de que haga las paces contigo. Por fin accedió.Gael aprovechó para decir:—Solo porque Micaela me lo pidió, dejaré pasar lo de anoche. Pero no vuelvas a amenazarme con terminar cada vez que algo te moleste.Lo miré sin explicarle nada.El itinerario de aquel día incluía el casco histórico, un museo y el mercado artesanal junto al río. Eran los lugares que más había querido conocer mientras preparaba el viaje. Gael y yo habíamos prometido tomarnos una foto juntos en cada uno de ellos.Sin embargo, al llegar al casco histórico, él acompañó a Micaela a hacer fila para comprar café.







