Elliott dejó a un lado una de sus muletas, sostuvo el descorazonador de fresas y lo observó con curiosidad, movió sus pinzas como si fuera un artefacto de una época desconocida y, finalmente, tomó la primera fresa. Cuando intentó hundir la punta, aplicó demasiada fuerza, por lo que la fresa estalló entre sus dedos, desparramándose por la impecable encimera y hasta salpicó en el uniforme blanco. Para Renzo, esa simples salpicaduras en el uniforme, fue catastrófico, un insulto. Soltó el aire con una exasperación sonora y exagerada. —¡Dios santo! ¿Eres inútil o te haces? —rugió, arrebatándole el utensilio de la mano sucia—. ¡Es una fresa, no una roca! Mira y aprende. Con una rapidez sorprendente, Renzo hundió el metal en la parte superior, giró la muñeca lo justo para extraer el tallo perfectactamente y dejar la fruta intacta. Lo hizo ver demasiado fácil. Colocó el utensilio frente a Elliott con un golpe seco sobre la encimera. —Tu turno. Y si me sigues arruinando la materia prima
Last Updated : 2026-10-02 Read more