La cena de Acción de Gracias fue un tipo especial de tortura.La mesa larga estaba puesta con la vajilla buena que Maria solo usaba dos veces al año. Las velas parpadeaban. El olor de pavo asado y salvia llenaba el comedor. Me senté frente a Sinclair con un vestido negro suave que se paraba a mitad del muslo, sin sujetador, sin bragas, igual que había andado todo el día. Cada vez que me movía, la seda se me pegaba a la parte interna pegajosa de los muslos donde habían estado sus dedos aquella mañana.Maria habló toda la comida. Quejas de que el pavo estaba un poco seco. Comentarios de que seguía viéndome demasiado delgada. Preguntas de si «veía a alguien en serio» o seguía «perdiendo el tiempo con hombres temporales». Respondí en frases cortas y educadas y mantuve los ojos en el plato.Sinclair apenas habló. Trinchó el pavo con manos firmes, pasó platos, rellenó el vino. De vez en cuando la mirada se le alzaba y se cruzaba con la mía al otro lado de la mesa, oscura y paciente, y la pr
Última actualización : 2026-10-09 Leer más