El eco del disparo retumbó en la bodega vacía, llenando el aire con un olor a pólvora recién quemada que opacó por completo el hedor a humedad. Apreté la empuñadura de mi arma contra la palma de la mano. El metal estaba frío, firme, en un contraste con la descarga de adrenalina que corría por mis venas. Esteban respiraba con dificultad a unos metros, histérico, dando zancadas torpes mientras intentaba flanquear mi posición. —¡Da la cara, cobarde! —bramó, con la voz quebrada por el descontrol—. ¡Sal de ahí! Salí de la sombra de la columna ejecutando un movimiento rápido, con el arma levantada a la altura de los ojos. El proyector de luz me encandiló un instante, pero logré encuadrar el silueta desgarbada de Esteban. —Se acabó, Esteban —sentencié. Giré el pulgar para liberar el seguro, pero no me dio tiempo. En su desesperación suicida, Esteban no buscó cubrirse. Simplemente apretó el gatillo tres veces consecutivas, disparando a ciegas en mi dirección. El primer proyectil pasó r
Última atualização : 2026-10-20 Ler mais