Sebastián me acariciaba la espalda desnuda con la yema de su dedo, trazando diferentes figuras en mi piel y haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera. Estaba supremamente sensible, suspirando y sintiendo cómo la electricidad me dominaba con cada toque. Suponía que era porque, desde que habíamos llegado a la isla, no habíamos parado de hacer el amor ni un solo instante.En la orilla de la playa, en la cama, en la terraza al atardecer, en la isla de la cocina, contra el ventanal, en esa majestuosa tina de baño que tenía una esplendorosa vista del océano. Éramos insaciables a todas horas y no dudaba por un segundo que quedase embarazada.Era irónico y cómico que mi plan inicial fuese quedar embarazada para pedirle el divorcio a mi esposo, y ahora, con solo pensar que Sebastián se alejara de mí y dejara de amar, me hacía doler el pecho intensamente.—¿Tienes hambre? —preguntó.—Sí, pero no quiero mover ni un solo musculoso —susurré—. Muero de sueño.Mi esposo soltó una risita divertida,
Última atualização : 2026-09-20 Ler mais