MargothYa me había duchado y cambiado, y seguía sin creer que Esteban, el mismo hombre dulce, amable, que siempre me trató con el mayor de los cuidados y me enamoró, se atreviera a sujetarme con esa fuerza y a decirme todo lo que me dijo.Si no hubiera sido por Sebastián, no sabía lo que me habría hecho y agradecía que mi esposo hubiese llegado a tiempo para que la situación no se saliera de control.Pero el daño ya estaba hecho y todo lo que creía conocer de él, me parecía ahora una mentira. Ya no sabía quién era el hombre de verdad, si el que había sido en el pasado o el hombre desquiciado que, a toda costa, me quería llevar con él.Sebastián entró a la habitación con una taza humeante de té y se sentó a mi lado en el borde de la cama. Me acarició el cabello con suavidad, con una ternura que me calentó el pecho. Llevaba varias horas sumida en el mutismo, aun en shock y sintiéndome cada vez peor al recordar la mirada desquiciada de Esteban.—¿Lograste descansar, esposa mía? —inquiri
Última atualização : 2026-09-19 Ler mais