Esa noche, de vuelta en casa, se quedaron en el porche un rato más de lo necesario, sin ninguna excusa práctica para justificarlo, mirando las estrellas con esa clase de silencio que ya no era incómodo entre ellos, sino algo parecido a la comodidad. La fiesta había sido un éxito rotundo, según los estándares del pueblo, y ambos sentían el cansancio agradable de una tarde llena de conversaciones, música y comida compartida con vecinos que, poco a poco, empezaban a tratarlos como lo que oficialmente eran: una pareja casada, integrada plenamente a la vida cotidiana del lugar. —Hoy me sentí raro —dijo Mateo, de pronto, rompiendo el silencio—. En la fiesta. Sonriendo, tomándote de la mano. En algún momento dejó de sentirse como una actuación. Elena sintió que el corazón le daba un vuelco, pero eligió, con el cuidado de quien camina sobre hielo fino, mantener la voz ligera. —Es que somos buenos actores, supongo. —Supongo —repitió Mateo, sin sonar del todo convencido, y ambos se quedaron
Last Updated : 2026-09-27 Read more