El niño dio dos pasos al frente y se detuvo al pie de la cama. Quería correr hacia él, hundir el rostro en su pecho y suplicarle que no lo dejara solo en aquel mundo hostil, pero la coraza helada que había construido en el internado se cerró a su alrededor como una armadura de hierro. Mantuvo los brazos rígidos a los costados, con una dureza en la mirada que quebró el alma de Diego. Su hijo se negaba a llorar frente a él. —Ven aquí, hijo —repitió Diego con voz quebrada, cargada de un dolor que iba mucho más allá de la enfermedad al ver que su propia sangre lo miraba como a un extraño blindado. Ciro se acercó lo suficiente para permitir el contacto, pero su cuerpo no cedió; se mantuvo tenso, insensible, un niño de nueve años obligado a ser una estatua de piedra. Diego lo rodeó con lo poco que le quedaba de fuerza, sabiendo que el tiempo se escurría entre los dedos. —Sé que te envié lejos… No fue porque no te quisiera —susurró Diego contra su cabello, con la respiración pesada
Last Updated : 2026-10-03 Read more