MIÉRCOLES 14, JULIO 2021.ROMA, ITALIA.DANTE.El puerto olía a sal, a combustible y a miedo, y los tres aromas juntos me resultaban tan familiares como el perfume de mi propia casa.Eran las dos de la tarde. El sol caía a plomo sobre los contenedores y volvía el agua de un verde turbio, de ese que solo se ve en los muelles donde nadie viene a pasear. Yo estaba sentado en una silla de metal, con las piernas cruzadas y una calma que me había costado años fabricar. Frente a mí, de rodillas sobre el cemento húmedo, Renato Bellini sudaba a través de su camisa carísima.—Fue un error de contabilidad, Dante —balbuceó—. Te lo juro por mis hijos.—No jures por tus hijos —respondí sin levantar la voz—. Es de mala educación mentir con ellos de testigos.Bellini tragó saliva con tanta fuerza que se le movió la nuez. A mi espalda, Luca, mi mano derecha desde hacía quince años, apoyaba el hombro contra una grúa y fingía un enorme interés por sus uñas. Los demás hombres formaban un semicírculo sile
Dernière mise à jour : 2026-09-25 Read More